Vincent Giambra, corredor de temazcales
(Tiempo estimado de lectura: 4 minutos)
Me dedico a la Psicoterapia y a la Terapia Transpersonal. Uso técnicas y diseños de tradición chamánica para el trabajo de desarrollo de la conciencia.
Algo de mi historia:
Nací en 1964 en el sur de Francia. Mi infancia se divide básicamente en dos épocas, una muy feliz, socialmente muy rica, muy libre y con mucho contacto con la naturaleza (tenía un río con su afluente y montañas boscosas a un paso, en una región fértil, las porte des Cévennes, en Francia). En cambio, viví mi adolescencia desde una gran soledad, sintiéndome muy desfasado con el entorno social de aquella época. Puedo calificar dicha época de solitaria y mística. A los 20 años me trasladé a París, donde tuve mi primera experiencia laboral.
Desde muy joven he necesitado entender el sentido de la vida, pero no me fue dado dar ningún paso hacia esa dirección hasta los 24 años, al conocer al Budismo Tibetano. Me retiré en Karma Ling, un centro cerca de Dijon, donde practiqué un tiempo esta Tradición.
Entonces tuve un sueño que me marcó profundamente:
“Me encontraba en una casa, en la planta baja: un lugar limpio, con paredes blancas y muy lisas (interpreto que en apariencia mi vida estaba ordenada, las paredes blancas y lisas hacen referencia a la práctica de la meditación, pero el espacio está vacío, le falta contenido). Necesito bajar al sótano. Allí me encuentro delante de un robusto sillón antiguo de madera maciza: en la madera está incrustado un ser, medio humano y medio león (mi signo astrológico). Sus patas de león forman los reposabrazos, y su cabeza medio humana y medio felina forma el reposacabeza. Está aprisionado, totalmente sujeto a la rigidez de la madera, lo único expresivo es su mirada, cargada de dolor y de angustia. Me doy cuenta de que su mirada se parece mucho a la mía, y de repente me encuentro en su lugar, experimentando una tremenda contención y rigidez”.
Entendí perfectamente el sentido del sueño, y que mi historia personal era un obstáculo en mi desarrollo vital y espiritual. No tardó en presentarse en mi vida la oportunidad de vivir una sesión de terapia regresiva (Rebirthing). Experimenté una gran liberación, aunque solo era el inicio de un largo camino. A partir de entonces tenía claro que iba a liberar y descubrir mi verdadero ser que tanto había anhelado sin estar plenamente consciente de ello. Me convertí en un buscador de auto-conocimiento y de aquellos modelos terapéuticos que más iban a liberarme, modelos siempre en relación con un concepto holístico del ser humano.
Todos estos años pasados fueron pasos dados hacia mi Yo profundo, con momentos de mucha conexión, de mucho entendimiento más allá de lo intelectual, sin olvidar nunca la importancia del trabajo de desidentificación con los viejos mecanismos. Trabajo sin el cual resulta muy fácil que el Ego recupere en su beneficio los frutos del trabajo hecho (éste es el mito de la Caída, del cual nadie escapa, estando o no involucrado en un camino de trascendencia).
Los momentos de grande cambios, los di en el encuentro con el Rebirthing, con la Tradición Nativa y el camino de las Plantas, y al conocer el Paradigma Reichiano.
Doy las gracias porque finalmente, encontré el sentido de mi vida.
Un marcante fenómeno de sincronicidad :
Fue en junio o julio del 1986. Vivía entonces en el sur de Francia, tenía 22 años. Vivía con la familia de mi novia, por motivos económicos. Adaptarme a los suyos me costaba lo mío. Era una calurosa tarde, era la hora de la siesta.
En un medio-sueño, afloraron en mi mente imágenes y recuerdos de mi historia familiar. Como lo he contado, vivir en casa ajena me “removía” temas personales. De repente surgió una poderosa emoción, me sentí el niño que fui, y lloré al sentir que mi infancia era una época cumplida y terminada. Sentí fuertes sentimientos al ver la imagen de mis padres ante mí.
La experiencia duró varios minutos. Cuando acabó, después de un corto descanso, sentí una irresistible necesidad de salir en la naturaleza. Cogí el coche, recorrí unos cuantos kilómetros hasta llegar a una pequeña carretera en medio de unos bosques de pinos. No pensaba, funcionaba más bien desde un cierto estado alterado. Paré, salí del coche, y me metí entre los pinos. En un momento dado me agaché y encontré en el suelo la muda de un insecto.
Me sorprendió mucho encontrar dicha muda. Además tenía la sensación de que había venido a por ella, ya no tenía nada que hacer allí.
No estaba familiarizado con el simbolismo, ni con la existencia de la teoría de la sincronicidad, pero sí que entendí la relación entre la catarsis que viví anteriormente (en el sentido de haberme “quitado una piel de encima”, además realmente me sentía mucho más ligero), y haber encontrado la piel de la cual se había desprendido un insecto, como si una invisible conexión se hubiese tejido entre ambos acontecimientos.
En aquel entonces ya me estaba buscando a mi-mismo, y recibí como un regalo aquella experiencia, que me reconfortaba y me alentaba a seguir adelante.
En la actualidad soy terapeuta psico-corporal y terapeuta transpersonal. Atiendo conflictos emocionales y de personalidad en consulta individual, y llevo trabajos de tradición chamánica en la línea del auto-conocimiento y del desarrollo transpersonal. Segui un “entrenamiento” (es el término utilizado) con Aurelio Diaz Tekpankalli, Líder de la Native American Church.


