Sabemos cómo inducir experiencias místicas

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William Richards, doctor en Psicología Clínica, investiga con psicodélicosTengo 76 años. Nací en Michigan y vivo en Baltimore. Enviudé, me casé, me divorcié, y veinte años después me volví a a emparejar. Tengo dos hijos. Mi empeño es promover el uso responsable de las sustancias psicodélicas en la psicoterapia. Soy protestante, pero aprecio y he estudiado todas las religiones.


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Revelaciones
Es el investigador en activo con más años de experiencia en el campo de la psicoterapia psicodélica. Desde 1999 es el investigador principal en diferentes estudios con psicodélicos en la Universidad Johns Hopkins, en los que se adentra en el desconocido mundo de la conciencia y las experiencias místicas: “Con la psilocibina se despiertan conocimientos intuitivos que tienen que ver con el valor intrínseco de todo ser humano y la conexión que existe entre todos nosotros. Son estados de conciencia que se pueden inducir mediante psicodélicos o por otras técnicas como la meditación, y son fenomenológicamente indistinguibles de las experiencias que se encuentran en la literatura mística y religiosa en diferentes culturas”.

A  usted le interesaba Dios y la psicoterapia?
Sí, estudié Teología y Psicología. Me interesaban las experiencias místicas, que son en realidad una experiencia de la conciencia humana.
Fue a parar al lugar adecuado.
Cierto. Cuando estaba estudiando en la Universidad de Gotinga (Alemania), en 1963, se hacía investigación con psicodélicos de formalegal. Entonces no era un tema controvertido sino muy respetable, y me presenté como voluntario para una investigación con psilocibina (un psicotrópico que te lleva a otros estados de conciencia).
¿Y cómo le fue?
Esperaba tener algún tipo de revelación sobre mis memorias de la primera infancia y para mi sorpresa experimenté un estado de conciencia trascendente tan potente que toda mi carrera se ha basado en el intento de entender y profundizar en esa experiencia.
¿Qué le pasó?
Entendí la dimensión espiritual de la existencia, una característica común a todos los seres humanos; y la unidad de todo. La segunda vez lo hicimos en una habitación amplia, con luz natural, plantas y música clásica, y tuve una de las experiencias más profundas de mi vida. Más tarde demostramos que el entorno es básico.
Acabó usted investigando en el Maryland Psychiatric Research Center.
A partir de 1967 comencé a realizar psicoterapia y múltiples estudios con psilocibina. Estudiamos su potencial para el tratamiento del alcoholismo, las adicciones, neurosis, y la ansiedad y depresión asociada al cáncer terminal.
¿Y cuántos de los pacientes tuvieron experiencias místicas?
Con dosis altas, dos tercios de los pacientes las tenían, lo que los llevaba a un cambio en la conducta. Había una gran expectación en la comunidad médica, convencidos de que estas sustancias iban a transformar la forma de hacer de la psiquiatría, pero pese a los buenos resultados todas las investigaciones se prohibieron diez años después.
¿Por qué?
Diversos motivos: el consumo masivo de drogas, la guerra de Vietnam, las noticias sensacionalistas… La investigación quedó dormida 22 años hasta que junto con el farmacólogo Roland Griffiths y Bob Jesse obtuvimos el permiso y los medios para reanudarlas en la Johns Hopkins, de esto hace 16 años.
¿Y qué hizo durante esos 22 años?
Era profesor de la universidad, trabajaba en mi consulta privada y ordenaba y compilaba los resultados para que se convencieran de la importancia de estas investigaciones.
Así ha sido.
Hemos mostrado la correlación entre el consumo de psilocibina y las experiencias místicas.
¿En personas sanas?
Sí, investigaciones (con el método de doble ciego) con personas con una vida emocional sana, con trabajo estable, y que nunca habían tenido experiencia con psicodélicos. De nuevo dos tercios de los voluntarios tuvieron experiencias de carácter místico con dosis altas de psilocibina y la experiencia produjo en ellos cambios de conducta positivos.
¿Qué cambios?
La mayoría dijeron que su vida era más espiritual tras la experiencia, que eran menos egoístas; más tolerantes, empáticos y compasivos.
¿Creyentes, agnósticos y ateos?
Lo que hemos encontrado es que la conciencia mística es una característica intrínseca del ser humano que no depende de sus creencias religiosas. Le ponen distintas etiquetas, unos lo llaman Dios, otros la base de la existencia y un científico lo describió como las propiedades del protoplasma.
¡…!
La experiencia es muy significativa porque la visión que uno tiene de sí mismo, de los demás y de la existencia cambia, se transforma.
¿Y tiene efectos duraderos?
Sí, provoca cambios de comportamiento muy rápidamente y de forma duradera. Pero hay que entender que esto se produce en un contexto determinado, que es todo un proceso que incluye una preparación psicológica de ocho horas para crear una alianza con el psicoterapeuta, porque la confianza es básica.
Pero esas revelaciones místicas deben de estar muy ligadas a la cultura de cada cual…
Son universales, suceden en distintas culturas, etnias y edades. Hay seis características comunes: unidad, trascendencia del tiempo y el espacio, conocimiento intuitivo, sentimiento de un estado afectivo profundamente positivo y la inefabilidad.
¿Qué dice la neurociencia?
Están estudiando las regiones del cerebro que se activan o desactivan durante la experiencia, pero hoy por hoy la conciencia sigue siendo una frontera de la ciencia.
Pero avanzamos a pasos de gigante.
Mediante neuroimagen se ha realizado un estudio de reciente publicación que muestra que la psilocibina afecta a regiones del cerebro relacionadas con la depresión.
¿Sigue estudiando los efectos en enfermos terminales de cáncer?
Sí, y volvemos a comprobar que tras esa experiencia mística los síntomas de depresión y ansiedad y de aislamiento desaparecen. Los pacientes pierden el miedo a la muerte.
Foto: Llibert Teixidó
Fuente: La Vanguardia
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