El Miligramo de Consciencia

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Un libro ideal para personas interesadas en el empleo de las plantas maestras (ayahuasca, tabaco, San Pedro). Pero, sobre todo, para quienes sientan curiosidad por los procesos de aprendizaje y transformación que la vida, así como las experiencias enteogénicas, le ofrecen a uno. Y también para aficionados a los viajes (Perú), la espiritualidad (Himalayas), el autoconocimiento (viajes interiores).

Ramon Puig, el autor del libro, es una persona cuya vida ha pasado por varias etapas: de niño sensible a adolescente rebelde; de trabajar en la empresa familiar a descubrir un Perú que le fascinó; del uso recreativo de las drogas al conocimiento de las plantas maestras… y, de todo ello, a formarse como terapeuta y singular herbolario. Un libro ideal para personas interesadas en el empleo de las plantas maestras (ayahuasca, tabaco, San Pedro). Pero, sobre todo, para quienes sientan curiosidad por los procesos de aprendizaje y transformación que la vida, así como las experiencias enteogénicas, le ofrecen a uno. Y también para aficionados a los viajes (Perú), la espiritualidad (Himalayas), el autoconocimiento (viajes interiores).

Este libro nos narra en primera persona las aventuras y avatares de su existencia, desde las raíces de su carácter en la adolescencia hasta el descubrimiento del empleo de las plantas maestras entre los curanderos y chamanes del Perú, pasando por la etapa de consumo recreativo de diversas sustancias psicotrópicas, los viajes a la India, el descubrimiento del Perú… Pero, sobre todo, lo que enfatiza Ramon es su proceso de transformación a través de los viajes, vivencias, encuentros y descencuentros, así como el trabajo con el San Pedro, la ayahuasca y el empleo chamánico del tabaco.

En este sentido, cabe destacar que en la segunda parte del libro el autor nos descubre un uso poco habitual del tabaco: la ingestión de dosis ‘masivas’ (o, por lo menos, bastante elevadas) de tabaco macerado en agua, lo que proporciona intensas, duras y reveladoras experiencias de conocimiento y transformación (todo ello, claro está, dentro de un contexto tradicional del uso de esta planta en Perú). Así, además del recorrido personal del autor desde el empleo lúdico de sustancias psicotrópicas, el descubrimiento de la experiencia con San Pedro y ayahuasca (más conocidos en occidente), el autor nos descubre su duro proceso de aprendizaje con la planta del tabaco (que aquí únicamente insistimos en fumar), pero cuya función dentro del mundo chamánico es mucho más amplia que lo que hasta el momento hemos estado dispuestos a considerar.

Con todo, el ágil recorrido que el autor nos ofrece en este periplo por la vida, sirviéndose de su propia exepreincia, viajes, apertura a la espiritualidad desde un pasado rebelde y su atracción por todo lo desconocido, nos lleva hasta su punto culminante: el descubrimiento de su vocación como herbolario y servidor de plantas medicinales y maestras.

Un libro que se lee con gusto, interés y que resulta casi adictivo. También tiene su vertiente pedagógica e instructiva.

Sobre el Autor:

Ramón Puig nace en Barcelona en 1965 y entra en el mundo empresarial siendo muy joven. Después de varios viajes a India, en 1993 viaja a Perú y empieza a organizar viajes ya ejercer de guía turístico. Crea también una empresa importadora de productos textiles andinos, lo que le obliga a pasar varios años entre Perú y Barcelona. Es a raíz de sus incursiones en la Amazonia peruana cuando entra en contacto con su medicina tradicional y el conocimiento ancestral de las plantas maestras, iniciando un proceso personal que lo llevará al encuentro con su vocación.

Actualmente dirige el Herbolario Milfulles (Milenrama) en Mataró, trabajando como fitoterapeuta e impartiendo talleres. También es socio fundador y presidente de la Asociación de Usuarios de Fitoterapia e Investigación Médica.


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Fragmento del Libro:

Presentación

Ramón, hombre medicina, el que sabe, el que ama la vida sobre todas las cosas, el que tiene consciencia propia y del resto de la humanidad, el que ha sido tocado por el cielo, el infierno, y las plantas maestras.

Para crecer, aprender y saber uno no debe tener miedo a su sombra ni a confrontar sus profundas oscuridades. ‘Caerse mil veces, y levantarse otras mil’.

De guerrero a guerrero, es para mí un honor escribir estas líneas, tu historia no necesita presentación de nadie, leyendo tu obra, sobra y basta.

Este libro es un grito a la vida, a la libertad y al coraje, con un mensaje que nos dice que podemos cambiar nuestra historia, por oscura que sea. Esta obra y la experiencia vital que compartes es un canto a la esperanza y al amor.

(J. Vila i Tronchoni)

Fragmento del capítulo San Pedro y las Llaves del Cielo

Tomamos el sampedro con una cuchara y un poco de infusión. Me di cuenta del profundo respeto con que tomaban la planta y también que ya tenían experiencia en ello. Yo estaba expectante, hacía lo que veía que ellos hacían. El cabo de un rato, Magda salió al jardín y se tumbó en una hamaca. Vi que estaba empezando a sentir efectos. Yo no sabía qué efectos debía sentir y esperaba. Esperaba con respeto, aunque también con impaciencia. Vi que a David también le empezó a subir y, a mí, nada. Entonces tomé un par de cucharadas más y me dijo que fuera con cuidado. La música envolvía de paz el lugar.

Sonaba el Adagio de Albinoni. Era maravilloso. De repente sentí una fuerte sacudida, como una enorme colleja que me movió desde la base de la columna hasta el pescuezo, y brotaron dos enormes lágrimas de mis ojos. La sacudida fue brutal, subió todo de golpe y me asusté pensando si no había tomado demasiadas cucharadas. David se dio cuenta.

  • «Ahora sí ya sientes algo, ¿verdad?», me dijo sonriendo con complicidad.
  • «Sí, ahora sí», respondí un poco asustado.

Mi estructura egóica se rompió en mil pedazos y empecé a llorar a borbotones. El llanto era imparable, lloraba y lloraba sin parar. Me tumbé en el sofá porque sentía realmente un fuerte mareo. El adagio seguía inundando todo aquel maravi11oso espacio y yo me acurruqué tumbado en el sofá, como un niño vulnerable y desprotegido, llorando sin parar. El adagio y la planta me estaban removiendo lo más profundo de mis entrañas. Me vino a la mente aquella noche de luna llena en Machu Picchu en mi primer viaje, mi antigua adicción, los trapicheos, aquel secuestro en Lima… Lloraba por el tiempo perdido en aquella maravillosa tierra, por las pendejadas que había hecho, por el tiempo y energía que había desaprovechado, por todo lo que no había conocido por estar ocupado drogándome, por lo que me había perdido. Lloraba por mi estupidez y por mi arrogancia …

Magda estaba fuera en el jardín. David salió también, dejándome solo en el sofá, acomodándose en silencio junto a ella. Ellos estaban teniendo su experiencia, pero podían ver el momento que me estaba tocando vivir de la mano del sampedro, que no era en absoluto divertido ni lúdico. Respetaron mi espacio totalmente. Tenían experiencia y sabían cómo podía tratar aquella planta sagrada, aquella planta tan maestra. Y cómo acompañar sin interferir en la experiencia del otro. Me sentía acompañado por ellos, por su silenciosa presencia, por las montañas, por las plantas y árboles del jardín y por aquella tierra tan amada. Y seguía llorando y llorando en un imparable y desgarrador llanto. Era una mezcla de doloroso repaso biográfico y tremenda sacudida a mi importancia personal. Todo mezclado, todo a la vez. David entró sigilosamente en el comedor, puso otra cinta de música clásica, dejó un vaso de infusión a mi lado, puso su cálida mano en mi mejilla y volvió a salir en silencio al jardín. Sentí el consuelo del ser humano, la calidez del hermano. Y seguí llorando, acurrucado en aquel sofá.

Pasé así, acurrucado, abrazado a mí mismo y llorando, más de cinco horas. Al cabo de este tiempo, aliviado y agradecido por todo aquello que estuve sacando y comprendiendo, sentí una gran calma, una profunda reconciliación con la vida, conmigo mismo y mi pasado. Comprendí que no hay errores, sino lecciones, pues los errores generan culpa, las lecciones aprendizaje. Salí al jardín en silencio. Nos miramos los tres sonriendo con una profunda complicidad, una complicidad espiritual. Sin palabras entendíamos perfectamente, y con mi mirada les di las gracias y di gracias a la vida por aquella profunda experiencia.

Me quedé mirando las montañas que rodeaban aquel maravilloso lugar. Altas montañas de roca, imponentes y escarpadas, que parecían vivas, como si albergaran dentro de sí alguna fuerza que no podía, ni sentía, necesidad de comprender.

Simplemente estaban ahí, desde mucho antes que cualquiera de nosotros, y seguirían allí, majestuosas, cuando nosotros dejáramos esta vida. Me hacían sentir humilde, agradecido y profundamente afortunado por vivir en este mundo, por estar, por ser…

INTRODUCCIÓN

En los últimos años varios amigos y personas cercanas me han ido sugiriendo la idea de escribir un libro sobre algunas vivencias y experiencias que me han tocado vivir, pero lo que realmente supuso una semilla que quedó en mí, fue una conversación que tuve hace unos diez años en una preciosa casa en la falda de las montañas del Montseny, con mi amigo J. Vila, persona de gran conocimiento y con quien nos une una gran conexión con Perú, en concreto la Amazonia y sus medicinas tradicionales. Las palabras que me animaron a escribir este libro fueron «Tu experiencia puede ayudar a muchas personas». Aunque desde entonces aquellas palabras han estado presentes dando vueltas por mi mente, no encontraba el momento, fuerza, ni claridad para empezar a escribir, ni tenía claro el enfoque que le quería dar. Escribir desde mi experiencia sobre algunos temas puntuales me parecía incompleto, inconexo, y me daba la sensación de que no tendría el soporte para transmitir lo que quería. Escribir un libro auto biográfico me echaba para atrás, pues lo consideraba un poco egocéntrico.

Me preguntaba: ‘¿A quién puede interesarle mi vida?’: Ahora, pasados los cincuenta y después de pasar la última crisis correctiva, como me gusta llamar a las etapas en que todo se desmorona para dar la oportunidad a que nazca algo nuevo, y con la perspectiva que da la edad a una persona como yo, que pensaba que sería joven eternamente, he ido sintiendo que era el momento para ponerme manos a la obra, aunque todavía sentía cierta dispersión. Ha sido en uno de mis últimos viajes a la Amazonia donde he recibido la claridad para empezar a escribir, y el resultado es el relato de algunas experiencias y pedacitos de mi vida, ordenados siguiendo el hilo de mi proceso personal, que he estructurado en dos partes, como un antes y un después de mi encuentro con las plantas maestras y la medicina tradicional amazónica.

Lo que tienes en tus manos no es un libro para inocentes, ni para personas que no se han arriesgado en la vida, ni para las que nunca han cometido errores, ni para las que nacieron enseñadas, ni para seres puros e inmaculados que nunca han pecado, ni para los que no se han atrevido a ser menos buenos de lo que pretenden creer y aparentar, ni para los que con actitud farisea intentan esconderse de sus propias bajezas señalando y juzgando a los demás. Como dijo ese gran maestro espiritual, al margen de religiones, que fue Jesús: «Quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra’: Tampoco es un libro para las ‘Personas que, por suerte o desgracia, todavía no han sentido el dolor de los golpes con los que la vida, a veces, nos sacude el alma para ofrecemos la oportunidad de levantamos, relamemos las heridas y crecer.

Ni es un libro para mentes cerradas que se aferran a la confortabilidad de la razón, que por miedo a asomarse al precipicio quizás, solo quizás, cierran la puerta a descubrir algo nuevo.

En la vida, a veces, dos más dos no hacen cuatro.

Este libro es una historia de viajes y búsqueda. Viajes por la inmensidad de la cordillera del Himalaya, por la majestuosidad de los Andes, por la profundidad de las selvas de la Amazonia.

Un viaje por la vida con sus subidas, mesetas, bajadas, caídas y remontadas… Viajes interiores donde he tenido que enfrentarme a mis miedos más profundos, al orgullo, culpas y demonios. También viajes que me han llevado a una profunda conexión con mi corazón, con la naturaleza, con el espíritu, a hermanarme con la humanidad desde el amor, a lo más bello, a lo inefable y a ese conocimiento silencioso que está ahí, al que todos tenemos acceso pero al que el exceso de racionalidad de nuestro mundo tan moderno le cierra la puerta de forma dramática. Un viaje, también, que me ha llevado de vivir con intención a vivir con atención.

A pesar del título no es un libro sobre drogas, aunque la primera parte es un relato de viajes y aventuras salpicado por algunas historias que he vivido, gozado y también sufrido, en el mundo de las drogas. No es mi objetivo en absoluto hablar de lo que hay o no hay que hacer, ni pretendo dar lecciones sobre lo que es malo o bueno. El texto tan solo pretende ser, desde mi experiencia y vivencias que comparto, una invitación a la reflexión sobre el uso, los distintos usos y el abuso de distintas sustancias.

La segunda parte del libro son historias sobre mi encuentro y experiencia personal, a lo largo de quince años, con el uso ancestral de las plantas llamadas maestras, así como el cambio radical que representó en mi vida conocer el potencial de la medicina tradicional de la Amazonia. Plantas poderosísimas que, lejos de ser panaceas milagrosas para todo y para todos, y quiero dejar esto muy claro, bien utilizadas son una herramienta de profundo auto conocimiento, sanación y despertar espiritual.

Bien utilizadas, insisto en lo de bien utilizadas, y bien integradas las experiencias que provocan (también insisto en este importantísimo aspecto), pueden actuar como atajos, como aceleradores de procesos evolutivos. No pretendo hacer proselitismo del uso de estas medicinas, como se les llama también a estas plantas maestras. Tan solo exponer su potencial, relatar algunas vivencias que he tenido con ellas y cómo me han ayudado en mi proceso personal. Son solo herramientas y, como muchas otras, ahí están. No son las únicas, ni mejores o peores que otras. Cada cual debe encontrar las suyas. O no.

(…)

La motivación para escribir la segunda parte de este libro es el profundo agradecimiento y respeto que siento por el buen uso de estas medicinas, algunas de ellas plantas visionarias, y darles el lugar que merecen desde el corazón, con realismo y los pies en la tierra. Algunos libros que tratan sobre la búsqueda espiritual parecen escritos por seres elegidos e inmaculados que teorizan desde una posición inmune a los avatares de la vida; otros que tratan sobre el chamanismo narran historias fantásticas pero inaccesibles para la mayoría de mortales.

También hay libros más académicos que abordan las plantas maestras o enteógenos desde un punto de vista etnobotánico, farmacológico, antropológico, sobre sus efectos sobre la conciencia y sus posibilidades a nivel psicológico y espiritual. Sin embargo, no hay muchos libros que nos hablen de procesos personales vividos por personas de carne y hueso utilizando estas plantas como catalizador, y es mi deseo que este libro sirva para acercar al lector, también de carne y hueso, con un lenguaje llano y accesible, desde la experiencia personal y no desde la teoría, a cómo actuaron las plantas maestras en mi persona, qué movimientos provocaron y cómo ha sido el proceso. Compartir su potencial como herramientas para generar un cambio real, alertando igualmente a buscadores en estos momentos de peligroso boom de iluminados, sanadores, seres de luz, ayudadores compulsivos y chamanes de todos los colores, de que no todo lo que brilla es oro, ni mucho menos.

Otro motivo para escribir este libro es compartir una actitud ante la vida, la de asumir riesgos para poder ganar y avanzar. Si no arriesgas, quizá evitas algunas caídas, pero no ganas.

Quedas instalado en la mediocridad y en la queja de lo que podría haber sido, pero no fue. No se trata de asumir riesgos sin miedo, pues el que no tiene miedo es el loco, no el valiente.

No va de ser un inconsciente y asumir riesgos que no merece la pena asumir, aunque como podrás ver en esta historia, todos pueden regalar un aprendizaje.

Fragmento del capítulo ‘Tierra’

Cuando empecé a hacer algunos trabajos con el brebaje de tabaco para grupos reducidos, siguiendo las indicaciones que los curanderos me dieron en la selva, lo enfocaba a provocar básicamente una depuración a nivel físico, sobre todo las vías respiratorias, y como punto de referencia, si la persona quería, para dejar de fumar cigarrillos o al menos tomar consciencia para cambiar la relación con la planta del tabaco. Por supuesto, las dosis con las que trabajamos son menores que las que utilizan los curanderos en la selva; pues es una planta con la que hay que ir con mucho cuidado y que requiere cuidar aspectos como las dosificaciones y la preparación, para evitar situar el trabajo en una zona de riesgo, tanto para los participantes como para el que lo dirige. Las sesiones también son adaptadas al contexto occidental, pues por un lado la duración de las mismas se contrae a tres o cinco horas como máximo, y por otro lado, así como en la selva el curandero te da el brebaje y te deja allí solo, aquí se acompaña a los participantes durante todo el proceso y el facilitador dispone de varias herramientas para ayudar a favorecerlo.

Muy pronto me di cuenta de otros efectos beneficiosos y que iban mucho más allá del cuerpo físico. Las personas que habían participado en la purga comentaban que se sentían más aliviadas, enraizadas, limpias y con la mente más clara. También que les había estimulado la capacidad onírica y tuvieron sueños lúcidos después de tomar el tabaco. En algunas ocasiones pude presenciar, junto al vómito que provoca, una catarsis a nivel emocional consiguiente alivio de la persona. Estos resultados me fueron animando, y paralelamente también aumentó el respeto por aquel tipo de trabajo. No solo se trataba de una limpieza física, ni mucho menos, y en muchas ocasiones yo salía de aquellas purgas totalmente agotado.

El boca oreja empezó a correr y pasé varios años organizando y dirigiendo sesiones purgativas con tabaco para grupos reducidos. En aquel periodo, en total participaron casi cuatrocientas personas. Me sentía bien haciendo aquello y me animaba el hecho de que los participantes que acudían, en su inmensa mayoría, eran personas normales. No eran flipados ni iluminados. Este aspecto me estimulaba y los comentarios alentadores que iba recibiendo de los participantes me confirmaban y animaban a seguir por ese camino. Tuve que aprender mucho para ir puliendo la estructura del trabajo y también a protegerme, a base de errores, para no llevarme a casa parte de lo que los participantes sacaban.

Aprendí mucho durante aquellos años haciendo purgas y experimentándolas personalmente, pero cuando tuve la ocasión de profundizar a otro nivel con esta planta, a un nivel que no podía ni imaginar, fue cuando conocí a Ernesto, años después, y viví de su mano y sabiduría la dieta de tabaco, una experiencia que no olvidaré nunca, comprendiendo en mis carnes el alcance a nivel energético y espiritual que puede ofrecer esta poderosa planta maestra.

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